¡Hola!
Después de los exámenes por fin tengo tiempo para compartir en el
Blog una receta que tenía muchas ganas de probar.
Este año mi postre para Nochebuena fue un tronco de Navidad, que
consiste básicamente en un brazo gitano decorado de manera muy rústica con
chocolate de forma que este último parezca la corteza de un árbol.
Lo bueno fue que me pareció una masa tan fácil de hacer que en la
cena de Nochevieja decidí prepararla de nuevo, pero esta vez con un relleno
salado para servirlo como un aperitivo agridulce y ligero.
Aquí va la receta de la masa:
Necesitamos:
-6 huevos
-120g de azúcar
-120g de harina (harina normal, no leudante)
-Esencia de vainilla
Lo primero que vamos a hacer es coger los huevos y separar las
claras de las yemas en boles separados. A continuación ponemos las claras a
punto de nieve con una batidora de varillas eléctrica. Cuando empiecen a
blanquear les añadimos la mitad del azúcar lentamente sin dejar de batir.
Tenemos que conseguir que quede un merengue bien firme, hasta el punto de que
podamos dar la vuelta al bol y no se caiga (por eso creo que es mejor que la
batidora que uséis sea como la de la foto, ayuda mucho).
Al bol de las yemas le incorporamos el resto de azúcar y una cucharadita o dos de esencia de vainilla. Batimos con la misma batidora (habiendo retirado los restos del merengue anterior) hasta que cojan un color amarillo muy clarito y estén bien espumosas.
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| Claras a punto de nieve |
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| Yemas batidas con el azúcar |
Mezclamos las yemas y las claras muuuuy despacio con una lengua de
silicona o algo similar, con movimientos suaves, lentos, envolventes, con mucho
cuidado para que no pierda aire.
A continuación incorporamos la harina con un tamizador. De nuevo:
muuuuy suevamente. Es superimportante hacerlo así.
Cogemos nuestra bandeja de horno y la forramos con papel vegetal
de hornear. Vertemos la masa lentamente y con cuidado. La alisamos con la
lengua de silicona para que el bizcocho quede más o menos nivelado. Le damos
unos golpecitos a la bandeja sobre la encimera para que no quede aire en ningún
sitio.
Horneamos durante 10 minutos a 170º. Después, dejamos enfriar un
poco (no del todo, es importante que siga un poco tibio). Entonces le ponemos
otro papel de horno por encima, como en la foto que pongo a continuación, y le
damos la vuelta como a una tortilla. Lo ponemos sobre la mesa y le despegamos el papel con el que se horneó (si queremos
almibararlo de manera tradicional –con agua y azúcar- éste es el momento, antes
de hacer nada más) y lo empezamos a enrollar ayudándonos con el papel que le
acabamos de poner para darle la vuelta, que ahora habrá quedado debajo. Es importante que en este momento el bizcocho siga tibio
porque así será más fácil enrollarlo sin que se rompa y coja la forma. Ahora
sí, lo dejamos enfriar por completo.
Una vez frío lo abrimos y lo rellenamos como queramos. Para el
pionono agridulce a mi madre se le ocurrió usar mayonesa, lechuga, jamón york y
palmitos. Quedó muy ligero y rico.
Para el tronco de Navidad yo lo que hice fue preparar la noche
antes una ganaché de chocolate negro y otra de chocolate blanco y turrón.
La de chocolate negro se hace con 200ml de nata que se lleva a
hervir en una pequeña cazuelita, tras lo cual se vierte en un bol con 200g de
chocolate negro troceado. Se añaden 50g de mantequilla para darle brillo. Se
bate todo con unas varillas normales hasta que quede una mezcla bien homogénea
y a la nevera con papel film.
Para la de chocolate blanco se sigue el mismo proceso pero con:
200g de nata, 400g de chocolate blanco y nada de mantequilla, en lugar de eso
derretiremos un trozo de turrón con un poquito de nata en el microondas y lo
incorporamos a la mezcla de nata y chocolate blanco. Luego, lo mismo: a la
nevera con papel film.
Tendremos que sacar las ganachés de la nevera un poquito
antes de utilizarlas para que no estén muy duras. Las batiremos un poco unas
varillas normales.
Colocamos la de chocolate blanco en una manga pastelera y
empezamos a rellenar nuestro bizcocho ya frío. Lo de hacerlo con manga
pastelera es para que quede todo uniforme. A continuación lo cerramos otra vez.
Yo corté los extremos para colocarlos como si fueran ramas, pegándolos con un
poco de la ganaché de chocolate negro. Luego lo cubrimos con el resto de la
ganaché. No tiene que quedar perfecto, sino más bien algo rústico (¡es un
tronco!). Yo le hice marcas con un tenedor y unos palillos para que tuviera un
aspecto parecido a la corteza de un árbol real.
Leí sobre un truco muy bueno para este proceso. Se trata de colocar un papel de horno en la bandeja donde lo vais a servir y encima de éste colocar el tronco para decorarlo y luego quitar el papel con cuidado de no tirar ni estropear el postre en cuestión. De esta forma la bandeja queda limpia y es más fácil que trasladar el tronco de una bandeja a otra.
Antes de servirlo podemos espolvorear azúcar glas (o
impalpable) por encima, como si fuera nieve.
¡Y eso es todo!
Espero que probéis a hacerlo en casa.

















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